Yeguada de la Cartuja2018-04-26T05:04:02+00:00

Yeguada de la Cartuja

Desde sus origenes a la actualidad

Desde su fundación a finales del siglo XV, el monasterio de la Cartuja se convierte en piedra angular de la crianza del caballo jerezano. Durante tres siglos, que coinciden con los de máximo esplendor del reino de España, los monjes cartujos constituyen una yeguada que con el tiempo se convertirá en una de las más célebres y apreciadas del mundo. Su esmerada labor ganadera, asentada en torno al espléndido edificio renacentista y en el marco excepcional de clima y fertilidad, donde también se crían los universales vinos de Jerez, se ve interrumpida a inicios del Siglo XIX, a causa de la guerra de la Independencia y coincidió con los años de esplendor de España y, en consecuencia, de sus caballos.

Esta caballería ligera fue importante en la expansión árabe en España. Los invasores admiraron de buen principio las virtudes del caballo andaluz, su gran acierto fue conservar y potenciar las características propias de la raza española, creando importantes yeguadas e incluso enviando partidas de ejemplares como regalo a Constantinopla, Bagdad y otras grandes ciudades del imperio islámico. La importancia que dan los árabes al caballo durante su permanencia en la península ibérica se evidencia en el origen de los términos “caballero” y “caballerosidad” acuñados durante la Edad Media para calificar honrosamente a los propietarios de estos preciados animales y sus virtudes, respectivamente. Las luchas internas musulmanas y los largos años de reconquista diezman considerablemente la población caballar.

Los cartujos son una orden de clausura que, rigiéndose por unas constituciones aprobadas por el papa Inocencio II, llevan una vida rigurosamente ascética, basada en el recogimiento. Los orígenes de la Cartuja de Jerez se remontan al siglo XV, cuando el hacendado Don Álvaro Obertos de Valeto, le propone al prior de la Cartuja de Sevilla la fundación de un monasterio de esta orden en Jerez. Don Álvaro traspasó los derechos de los terrenos que poseía en el municipio de Jerez a los cartujos que solicitaron la licencia necesaria al arzobispo de Sevilla para fundar el monasterio, licencia otorgada en 1475. Tres años más tarde se iniciaban las obras del edificio que ahora conocemos. En poco tiempo, La Cartuja logra reunir un importante patrimonio en donaciones, venta y cambios que se sumaban a los ya ingentes bienes heredados de Don Álvaro. Entre los terrenos adquiridos por compra, encontramos la Dehesa de la Fuente del Suero, propiedad hasta entonces del genovés Celín de Bilbao que la cede a cambio de 140.000 maravedíes. En esta finca pastan en la actualidad, cinco siglos después, los bellos ejemplares de la Yeguada de la Cartuja – Hierro del Bocado.

El verdadero origen de la yeguada no se conoce, aunque el anecdotario popular explica que cuando el censario de la cartuja, don Pedro Picado, no pudo pagar su censo a los monjes decidió cederles sus yeguas y potros. Estos ejemplares habían sido comprados por don Pedro a los hermanos Andrés y Diego Zamora, de profesión herradores, que formaron esta pequeña yeguada a partir de un semental comprado a un soldado y de uno de sus hijos, potro de extraordinaria belleza y armonía, llamado “Esclavo”. A los descendientes de esta yeguada, que gozaron de gran prestigio, se les llamó “zamoranos”. Sin embargo, pruebas aparecidas y analizadas recientemente y estudios históricos parecen demostrar que los monjes ya contaban con una ganadería a finales del siglo XV.

El siglo XIX

Representa una época de convulsiones y cambios drásticos para la Yeguada, después de los pasados años de gloria y estabilidad. La invasión napoleónica y la desamortización de los bienes de la iglesia supone que la ganadería de caballos cartujanos deje de pertenecer a los monjes, cambie de propietario diversas veces e incorpore los hierros actuales.

La expulsión de los cartujos

El inicio del siglo XIX coincide con la invasión de nuestro país por parte de las tropas napoleónicas y la posterior Guerra de la Independencia. La llegada del ejército francés a Jerez comporta la huida de los monjes de la Cartuja, quienes, después de varias vicisitudes, son acogidos en diferentes conventos de la zona. En su escapada, los monjes cartujos dejan todas sus pertenencias tras de sí, entre ellas, los caballos y yeguas que llenaban las caballerizas del convento. Después de más de dos años de exilio, los monjes pueden volver a la Cartuja en 1812, coincidiendo con el Decreto de las Cortes de Cádiz por el que el Estado se apropia de sus bienes. Nueve años después se ven obligados a abandonar nuevamente el monasterio por la orden de las Cortes de suprimir todos los conventos. En 1835 los cartujos son expulsados definitivamente de sus tierras y el monasterio pasa a servir de cárcel, para después cambiar de manos y depender de la Junta Diocesana del Estado y finalmente entregarse a la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de la provincia que lo declara Monumento Nacional en 1856. Hasta un siglo más tarde, en 1948, el edificio no será devuelto a la Orden de los Cartujos, que lo sigue habitando en nuestros días.

Recuperación y cambio de propietarios

En 1810, después de la huida de los monjes de la Cartuja, la legendaria yeguada es salvada de la que hubiera sido una irreparable dispersión por el presbítero D. Pedro José Zapata.

Zapata, fundador del Hospital de Arcos de la Frontera, compra 60 yeguas y 3 caballos de los mejores ejemplares y los oculta en la “Breña del Agua”, enviando a los Cartujos de Cluny el importe del precio establecido. A partir de estos caballos se forma lo que en la actualidad se conoce como Yeguada de la Cartuja – Hierro del Bocado. El hierro del Bocado sin la C, diseñado por Zapata para marcar los animales, provenientes de la Yeguada de los Cartujos, ha dado nombre a esta prestigiosa ganadería.

Don Pedro, y su hermano Don Juan José se hacen cargo de la Yeguada hasta la muerte de Don Juan, cuando pasa a las manos del hijo de éste último hasta su muerte en 1854. Es entonces su viuda, Doña María Romero, quien toma las riendas de la misma.

Años después, en 1857, Don Vicente Romero Garcíaadquiere parte de la yeguada y añade una “C” al tradicional hierro del Bocado. Siete años más tarde también adquiere el hierro sin la C, que utiliza para herrar al ganado bravo. A lo largo del siglo, empezaron a destacar algunos ejemplares de la Yeguada, que consiguieron premios en exposiciones y concursos de todo el país.

En la actualidad

Después de la muerte, a principios de este siglo, de Don Vicente Romero García, consolidador de la ganadería de estirpe cartujana e introductor del hierro con la C, la yeguada pasará por múltiples y diferentes manos: Doña Rosario Romero, viuda de Domínguez, Don Francisco Chica Navarro, el Vizconde de Montesina, Don Roberto OsborneDon Juan Pedro Domecq y Núñez de VillavicencioDon Fernando C. de Terry y del Cubillo y Doña Isabel Merello, viuda de Terry…, coincidiendo todos ellos en su labor por salvaguardar la pureza de sangre de la estirpe cartujana.

En 1981, Rumasa S.A. compra la bodega a Fernando A. Terry S.A. junto con la ganadería.En el año 1983, con la expropiación de Rumasa, el Patrimonio del Estado se hace cargo de estos bienes, separando en 1985, la ganadería del patrimonio de la bodega. En 1990 el Patrimonio del Estado incorpora la yeguada a la empresa pública EXPASA AGRICULTURA Y GANADERÍA Sociedad Mercantil Estatal S.A.,., a quien encomienda la responsabilidad de mantener y mejorar este patrimonio genético único.

En marzo de 1998 los monjes cartujos cedieron a EXPASA para la Yeguada, el hierro original en forma de campana, con el que se herraban los caballos en el siglo XV. Con este acto se unifica en la Yeguada de la Cartuja – Hierro del Bocado la posesión de los hierros que la han distinguido desde su creación.

La Yeguada de la Cartuja – Hierro del Bocado es pues, en la actualidad, la reserva de caballos cartujanos más importante del mundo, con más de de 200 cabezas creciendo en libertad en las praderas de la finca Fuente del Suero.